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La travesía de un joven somalí en busca de un lugar seguro en Sudáfrica

Historias

La travesía de un joven somalí en busca de un lugar seguro en Sudáfrica

Cuando le dijeron a Adam Osman Abdile que se uniera a una milicia somalí o que moriría, decidió huir al extranjero. El largo viaje casi lo mató antes de llegar a Sudáfrica.
2 Septiembre 2010 Disponible también en:
Un joven somalí le da la bienvenida al solicitante de asilo recién llegado, Adam Osman Abdile (izquierda), al barrio de Mayfair en Johannesburgo.

JOHANNESBURGO, Sudáfrica, 3 de septiembre (ACNUR) – A principios de año, Adam Osman Abdile, un joven de 25 años, recibió un ultimátum del grupo somalí Al Shabaab: era unirse a la milicia o morir. Él decidió huir a Kenia.

La travesía casi se lleva su vida pero es esto algo a lo que se arriesgan muchos jóvenes en Somalia y otros países al Este de África para escapar de la persecución o la violencia. Su predicamento, y el de otros civiles que se movilizan hacia el sur de África, será el tema central de un encuentro regional en Dar Es Salaam la próxima semana.

La conferencia, organizada por el gobierno de Tanzania, con el apoyo del ACNUR y la Organización Nacional de Migraciones (OIM), apunta a lograr una comprensión más profunda de la naturaleza y razones de las migraciones mixtas, y a diseñar estrategias sobre cómo responder a estas situaciones. Participarán del encuentro, delegados de 12 países, incluyendo funcionarios de gobierno y del sector civil.

La odisea de Abdile comenzó en junio cuando abandonó su aldea en la región de Gedo, al sur de Somalia, para dirigirse a la frontera con Kenia. Su único equipaje era un fajo de dinero en su bolsillo. Logró filtrarse por la frontera y llegó al pueblo de Mandera, en Kenia. Ésa fue la parte fácil.

Durante su travesía de dos arduos meses, pasó algún tiempo en prisión, se escondió en los acoplados de los camiones al borde de la sofocación, sufrió hambre y sed entre los arbustos africanos, y se infiltró por entre los controles policiales en búsqueda de un refugio seguro donde pudiera moverse libremente y trabajar: Sudáfrica. Algunas veces necesitó ayuda para trasladarse, y es allí donde su puñado de dinero fue crucial. Pagó más de US$500 en total a varios traficantes o "guías", como los llama Abdile.

En Zambia, por ejemplo, pudo escapar por muy poco cuando la policía detuvo al camión en el que se escondían él y otras siete personas. Abdile y dos personas más echaron a correr entre los árboles, pero los demás fueron arrestados. Los que huyeron, pasaron cuatro días caminando por entre los arbustos hasta que se contactaron con un traficante a través de un teléfono celular prestado.

Luego cruzaron a Zimbabwe escondidos en la parte trasera de un camión que cargaba materiales de construcción. Los traficantes los dejaron cerca de un río, que cruzaron a bote antes de ser llevados a Sudáfrica, cerca de la aduana de Beitbridge y el puesto migratorio.

"Luego de cruzar a Sudáfrica, me dirigí a migraciones y me dieron documentación que me permitía permanecer en el país por 14 días. Me sentí muy aliviado", contó Abdile al ACNUR, y dijo que pensaba solicitar el estatuto de refugiado. "A lo largo de mi travesía, me encontré con personas muy hostiles, y al llegar a Sudáfrica, encontré mucha cooperación. Me trataron como una persona".

Hace unos días, se trasladó desde el pueblo fronterizo de Musina a Johannesburgo, donde se contactó con la vibrante comunidad somalí que reside en los suburbios de Mayfair. Algunos de los residentes viven allí desde hace años y tienen una residencia permanente o la ciudadanía sudafricana.

Cuando llegan nuevos migrantes desde la frontera en un minibús, los empresarios somalíes locales pagan la tarifa como un gesto de bienvenida. "Tenemos que hacerlo, son nuestros hermanos. Han sufrido mucho", dice un somalí, luego de que pagaran el boleto de Abdile.

Un número creciente de personas, como Abdile, viajan desde sus países de origen hacia Sudáfrica escapando de la violencia, la persecución, la sequía, la pobreza, o, una combinación de todo eso. La crisis humanitaria en Somalia, que ha causado el desplazamiento de cientos de miles de personas este año, da cuenta del gran movimiento en la región.

Mientras tanto, cada vez más, refugiados y migrantes viajan juntos, utilizando las mismas rutas y pagando a los mismos contrabandistas, lo que dificulta que los gobiernos puedan identificar a aquellos que están en necesidad de protección internacional. Las crecientes preocupaciones en términos de seguridad, lleva a que los controles fronterizos sean una prioridad urgente para muchos países. Asegurar que estos individuos reciban la asistencia que necesitan, continúa siendo un desafío significativo.

Abdile, que piensa en la familia que dejó atrás, dice que su travesía hacia la seguridad ha sido emocionante y aterradora. "No escapamos por elección sino por persecución. Tememos miedo en Somalia. Algunas personas con las que viajé no lo lograron. Fueron arrestadas o murieron de hambre o sofocación".

Él también tiene un mensaje para aquellos que participarán de la reunión en Dar Es Salaam la semana próxima. "Todo lo que pido es que por favor no nos traten tan mal. Si un país no nos puede ayudar, por lo menos déjennos atravesar su territorio de manera segura".

Por Tina Ghelli en Johannesburg, Sudáfrica