Cerrar sites icon close
Search form

Buscar el sitio de un país

Perfil de país

Sitio de país

Del "sí se puede" al "otra vez no", un refugiado sudanés pierde la esperanza

Historias

Del "sí se puede" al "otra vez no", un refugiado sudanés pierde la esperanza

Five years ago, Santino Samuel John returned from Ethiopia to Sudan with high hopes after the civil war. Now he's back in exile, longing for his family to join him. [for translation]
15 Noviembre 2011 Disponible también en:
Santino Samuel John y su hijo Obama esperan la llegada de más miembros de la familia desde Sudán al campamento de refugiados etíope de Tongo.

TONGO, Etiopía, 15 de noviembre (ACNUR) – Santino Samuel John tiene una pesadilla recurrente en la que escucha el zumbido de un avión Antonov que se precipita sobre su casa mientras su hijo Obama, atemorizado, corre para esconderse. Pero cuando abre los ojos, se da cuenta de que su pesadilla recurrente es real y sobre de un refugiado que se ve obligado a abandonar su casa por segunda vez.

John, de 31 años, es originario de Kurmuk en el Estado sudanés de Nilo Azul. En 1987 su familia fue desplazada por la guerra civil. "Recuerdo nuestra huída de Sudán y la lucha de mi padre por llevarme con ellos", rememora, relatando cómo su poliomielitis complicó la marcha. "Llegó un momento en que le pedí que me dejara debajo de un árbol y continuaran sin mí pues estaba ralentizando el paso de mi familia. Me contestó que no me abandonaría nunca".

Cruzaron la frontera hacia la vecina Etiopía y pasaron muchos apuros durante otros 55 kilómetros hasta llegar al campamento de refugiados de Tsore, hoy conocido como Sherkole. Al final terminaron en el campamento de refugiados de Bonga, más al sur. En 2006, un año después de que el Acuerdo General de Paz trajera consigo el fin de la guerra, los miembros de la familia emprendieron el camino de vuelta a Sudán con el objetivo de rehacer sus vidas.

John encontró un trabajo poco tiempo después gracias a la insistencia de su padre para que aprendiera inglés desde niño. Trabajó hace poco en Kurmuk como coordinador de proyectos relacionados con asuntos de salud, educación y reconciliación en una ONG llamada Creative Associate International.

"Por primera vez en mi vida pude ir con la cabeza bien alta junto a personas de otras nacionalidades porque era ciudadano de un país, mi país, Sudán," comenta. "De acuerdo, no tuvimos mucho, pero gozamos de derechos humanos fundamentales que podríamos estar disfrutando ahora mismo como ciudadanos sudaneses. Hubo un tiempo en que la vida fue buena".

En septiembre de este año, se recrudecieron los enfrentamientos entre el ejército sudanés y el Ejército de liberación popular de Sudán del Norte (ELPS-N) por las riquezas minerales del Estado del Nilo Azul. John construyó un búnker debajo del hogar familiar.

Estaban dispuestos a resistir, pero finalmente los constantes bombardeos de los Antonov y las invasiones de las fuerzas terrestres les condujeron al exilio. La joven familia de cinco miembros huyó de Kurmuk el 6 de octubre para instalarse en el campamento de refugiados de Tongo en Etiopía.

John ejerce de trabajador social en el campamento y actúa de mediador entre los refugiados y la dirección del campamento en una gran cantidad de asuntos. Allí es muy querido y respetado, pero su trato amable encierra un corazón triste.

Cuando las milicias sudanesas tomaron Kurmuk a principios de noviembre, los ancianos padres y hermanos de John todavía residían en Chali, unos 60 kilómetros al sur. Un amigo le dijo que los habitantes de Chali habían abandonado la ciudad y se dirigían al sur con la esperanza de cruzar el puesto fronterizo de Yamasra en Etiopía y continuar hacia el campamento de Tongo.

"Mis padres tienen unos setenta y pocos años y si están en el grupo de gente que ha sido evacuada de Chali tardarán mucho tiempo en acceder a zona segura", afirma John. "La mayor parte del tiempo no tienen nada que echarse a la boca excepto tubérculos y frutos silvestres ya que si encendieran hogueras para cocinar revelarían su posición a las tropas".

John cree que su familia podría llegar en diciembre o quizá más tarde, pero está desesperado al no saber dónde se encuentra. "No he dormido bien ni una sola noche desde que llegué a Etiopía. Sí, tengo un trabajo pero, ¿qué es de mi familia? ¿Qué pasa con mis ancianos padres? Cuidaron de mí cuando era un niño y mi padre no me abandonaría. Pero ahora que lo necesitan, no puedo hacer lo mismo por ellos".

Mira para otro lado, mortificado por su impotencia y frustrado por la situación política de su país. "Le puse Obama a mi último hijo por el presidente de Estados Unidos ya que este país y Sudán se encontraban a las puertas de vivir algo nuevo y emocionante, algo que brindaba esperanzas y nuevas soluciones a los problemas que tanto sufrimiento y dolor habían causado", afirma John.

"Mi hijo podría formar parte de esa generación de jóvenes sudaneses sin miedo a decir 'sí se puede', pero ya no me creo nada. Mi querida Sudán me ha decepcionado y, una vez más, se me cae la cara de vergüenza".

Cuando comienza a oscurecer, sabe que tiene por delante otra noche de insomnio. "Al final acabo encendiendo mi linterna para leer libros o la Biblia, que al menos relaja mi mente inquieta", dice mientras muestra el viejo libro. "Si sólo pudiera ver a mis padres, abrazarles, tocarles, no pediría nada más para mí excepto que mis hijos completaran sus estudios".

Contempla las llanuras que rodean el campamento, ansioso por verles llegar sanos y salvos a Etiopía. "No puedo pensar en otra cosa".

Desde principios de septiembre, alrededor de 35.000 refugiados sudaneses han llegado a Etiopía occidental tras huir del conflicto que azota el Estado sudanés del Nilo Azul.

Por Pumla Rulashe en Assosa, Etiopía