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Un centro comunitario de Filadelfia ofrece refugio y esperanza a familias ucranianas que huyen de la guerra

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Un centro comunitario de Filadelfia ofrece refugio y esperanza a familias ucranianas que huyen de la guerra

Situado al noreste de Filadelfia, Pensilvania, un centro comunitario se ha convertido en un refugio vital para más de 50 niñas y niños ucranianos refugiados y sus familias, quienes huyen de la guerra.
23 February 2024
Un grupo de niñas y niños refugiados debajo de un letrero que dice Kleinlife

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Dentro de las conocidas paredes de un apreciado centro comunitario local llamado KleinLife, niñas y niños ucranianos refugiados han encontrado consuelo en los programas de verano y extraescolares. Los programas están diseñados no solo para que hagan amistades y se diviertan, sino también para ayudar a sanar las cicatrices de la guerra y el desplazamiento forzado.

De acuerdo con ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, millones de personas refugiadas de Ucrania se han visto forzadas a huir de su país desde la invasión rusa a gran escala en febrero de 2022. Miles de ellas han llegado a Filadelfia, donde la comunidad ha acogido a las personas recién llegadas.

Al frente de los esfuerzos de KleinLife está Victoria Faykin, Vicepresidenta de la organización, cuya propia historia como refugiada de la Unión Soviética le permite conectar profundamente con los niños y las familias a las que sirve. Impulsada por su deseo de ayudar, propuso la idea de un programa de verano al Presidente de KleinLife, Andre Krug.

Originario de Járkov, Ucrania, Krug se había sentido impotente al ver cómo el conflicto asolaba el hogar de su infancia. "Cuando ves que el barrio en el que creciste está siendo destruido justo delante de ti, te sientes mal y no puedes hacer nada", explica. Con la llegada de personas refugiadas de Ucrania a Filadelfia, Krug se dio cuenta de que los recursos y el apoyo de KleinLife podían ayudar.

Aceptando la iniciativa y la visión de Faykin, el centro comunitario aprobó la programación para diez niños. “Pero acepté a 55, y así empezó este programa”, comenta con una sonrisa.

Faykin recuerda vívidamente el trauma que sufrían las niñas y los niños desde el principio, y describe un día en que el sobrevuelo de un helicóptero hizo que corrieran aterrorizados a refugiarse. “Nunca había visto unos ojos tan asustados. Los niños estaban muy asustados, no paraban de llorar. No tímidos, sino estresados y asustados por todo”. Fue este momento el que afirmó su compromiso de integrar el apoyo terapéutico en sus actividades diarias.

Los programas de KleinLife están cuidadosamente diseñados para ser algo más que diversión. Cada actividad, desde robótica hasta natación, se elige por su potencial para contribuir a la sanación y a la normalidad. La terapia artística, dirigida por una persona profesional en psiquiatría infantil de Ucrania, se ha convertido en una parte fundamental de este proceso, ofreciendo a la niñez una forma de expresar y trabajar sus emociones.

Estas terapias también han permitido que la niñez haga nuevas e inesperadas amistades.

En una reflexiva fusión del pasado y el presente, Victoria y el Presidente de KleinLife, Faykin y Krug han establecido conversaciones entre la juventud refugiada y supervivientes del Holocausto, creando una oportunidad para compartir historias de supervivencia y esperanza. Krug reflexiona sobre las poderosas conexiones que se forman a través de estas interacciones: “Vivieron traumas cuando eran niños, así que juntamos a esos dos grupos y fue una experiencia fascinante”.

El compromiso del centro se extiende a las familias de niñas y niños, proporcionándoles una amplia red de apoyo. Iryna Melnyk, una madre que llegó a Estados Unidos con sus hijos, habla de la amplia asistencia que recibieron, desde ayuda para matricular a sus hijos en la escuela pública de la zona hasta consejos prácticos para su nuevo comienzo.

“Tuvimos que huir de Ucrania y buscar cobijo a causa de los constantes ataques aéreos, los constantes bombardeos”, reflexiona. “Por cuatro meses estuvimos escondidos durante cada ataque aéreo. Huíamos de la guerra y acabamos en Estados Unidos de América”.

Iryna escuchó hablar de KleinLife de boca en boca cuando la familia llegó a Filadelfia. “Terminamos conociendo a Victoria. Fuimos afortunados, recibimos apoyo, cariño, comprensión y cuidados tremendos para nuestros hijos, quienes aquí tienen oportunidades extraordinarias”.

Iryna atribuye a KleinLife y su apoyo el haber ayudado a sus hijos a encontrar la paz y a sentirse de nuevo seguros en sus hogares. “Pudieron empezar a olvidarse de la guerra”, comenta.

Krug reflexionó sobre su sentimiento, recordando cómo al principio del programa había una tranquilidad poco habitual, un claro signo de su estrés y malestar por la traumática experiencia de huir de sus hogares. Pero a medida que avanzaban las semanas, se produjo un cambio. El silencio fue sustituido gradualmente por risas, como las que surgen en los parques infantiles y patios escolares. Los helicópteros sobrevolaban el centro y los niños seguían jugando en lugar de tirarse al suelo asustados.

“Volvieron a ser niños”, afirma Andre, “que es, ya sabes, el mayor tipo de logro que podíamos conseguir y que podíamos esperar”.

Mientras KleinLife sigue apoyando a la niñez ucraniana y a sus familias, el rol del centro en sus vidas va más allá de la ayuda. Es un testimonio del poder del apoyo basado en la comunidad, que demuestra que con la atención y los recursos adecuados, quienes se enfrentan a los momentos más difíciles – incluida la huida de la guerra – pueden encontrar esperanza y resiliencia.